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Un verdadero héroe en mi vida. junio 22, 2009

Posted by anamanzana in amistad, Emociones, General, Sociedad.
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Un verdadero héroe en mi vida.

Cada día desenmascaro alguna idea que se anidó en mi cabeza de niña y que ha funcionado como una especie de vector por la cual he caminado como equilibrista en mi vida. Cada vez que sucede eso, me pregunto si deseo conservar esa idea, o modificarla. Siendo realista no todas son malas, ni buenas, sólo me doy cuenta que no son mías. Así que de aquí inicia una deliberación de qué consecuencias tienen para mí mantenerlas o dejarlas ir para imaginar una propia.

Sin duda alguna todo aquello que interioricé fue debido a ciertos personajes que impactaron mi vida. No me queda duda que más allá de los discursos, son mis vivencias con ellos las que me hicieron admirarlos y tal vez no precisamente pretender ser como ellos como una copia fiel, sin embargo sí determinaron la posibilidad más allá de mi razón, y me ayudaron a sacar múltiples y nuevos vectores.

Llevo años pensando por qué me interesa el bien común, y el altruismo, y luego de pensarlo algunos meses, llegué a la conclusión de que un hecho muy particular me impactó cuando tenía alrededor de los 4 años.

Nací en Cd. Madero Tamaulipas, y allá en aquellos tiempos un tío  tenía un negocio de barcos camaroneros. En algunas ocasiones especiales mi tío invitaba a otras personas a pescar con él en altamar, entre ellas a mi padre.  Yo de esos barcos sólo tengo vagos recuerdos de unos paseos de ensueño en la rivera del río, y unas mega comilonas de camarones gigantes, ¡ah! Y como salido de un sueño, puedo cerrar los ojos e imaginarme ir con otros niños, riendo como loca mientras observábamos fascinados a los delfines saltando delante del barco en donde se juntaban el río y el mar.

Recuerdo muy bien la escena. Era de noche y estaba en la casa, de pronto escucho a mi madre exaltada:  “¿qué te pasó?”. En seguida salgo corriendo de donde estaba, y veo a mi padre en un overol café en la entrada, caminando un poco apesadumbrado y adolorido, y completamente empapado.

Apenas entra a la casa y de pié comienza a platicarnos mi padre lo sucedido. Resulta que luego de un día completo en alta mar, llegaron al embarcadero para dar por finalizada la pesca. Los barcos estaban en batería uno a un lado del otro por lo que había que tener cuidado con el vaivén que juntaba y alejaba a cada barco, ya que para llegar a la orilla había que saltar de uno al otro. Unos niños, familiares de mi tío habían sido invitados también en esta ocasión, y uno en particular estaba fascinado con unos ¡caballitos de mar!… eran su tesoro y los traía en una bolsita de plástico. Venía tan fascinado con el contenido de su bolsita que en vez de tener cuidado y dar un paso seguro al otro barco, cuidó más su bolsita y cayó varios metros al fondo, en medio de los dos barcos. Acto siguiente mi padre se lanzó detrás de él. Cuando por fin se encontraron allá abajo, el chico llorando le gritó:  “¡Tengo miedo!”. Recuerdo muy bien en su relato: “¿Saben qué le contesté?. ¡Yo también!”. El agua estaba oscura, sólo se oían los chirridos de las amarras y el sonido de los barcos que iban a volver a juntarse. Mi tío y las demás personas hicieron todo lo posible para separar los barcos, y luego de un rato subieron al niño y a mi padre con una cuerda.

Riéndose de sí mismo y fingiendo la voz nos dijo: “… y luego todos me dijeron ¡eres un héroe!”. Finalizó su relato con el tono de quien dice una obviedad:  “¿pero qué haces cuando alguien necesita ayuda? ¡pues se la das!”.

De esto me vienen dos enseñanzas básicas para toda mi vida, más allá de todo discurso bien argumentado con toda la retórica o lógica dispuestas, no tuve que leer entonces a Aristóteles sobre ética de las virtudes, ni tampoco entender al complicadísimo de Kant y sus principios y deberes, para comprender e interiorizar que el miedo es algo natural en todos los seres humanos y que el altruismo convive con el egocentrismo en todo momento. Tal vez nuestra necesidad de conceptualizar una realidad obtusa, descompuesta, seccionada y reduccionista, nos hace olvidar cómo pasamos de un lado al otro de forma constante. Esto es, que en un segundo puedes auto-conceptualizarte como un individuo, y en el otro segundo pensar y hacer por los demás. Mi padre me enseñó que sentir miedo está bien, es algo con lo que convivimos y que nos ayuda a confrontar la realidad, pero es algo muy diferente que el miedo guíe tus decisiones y tu vida, a aceptar que tienes miedo, sentirlo y dejarlo fluir . Cuando de niña él notaba que algo me daba miedo me preguntaba: “a ver nenita dime ¿a qué le tienes miedo? ¿qué te va a pasar?, luego me decía “¡nada! ¿ves?”.  Pero creo que más que sus preguntas, fue interiorizar que él tenía miedo, igual que yo, equivalente a “es humano tener miedo”.  Aún hoy sigo con esa pregunta cada vez que algo me hace temblar… “¿Qué me va a pasar?… analizo los riesgos.. y luego digo ¡nada!”, y me lanzo al precipicio de mis más locos proyectos.

La segunda enseñanza que definió mi vida, fue sobre el altruismo, cosa rara en esta época que me pone a pensar en un planeta de zombies que no escuchan, no hablan, no sienten y nada les interesa además de sí mismos.  Veo a tantas personas empeñadas en crear problemas para demostrarse a sí mismos que pueden resolverlos y a tan pocas personas con interés en solucionar problemas existentes que son de interés común. Me he dado cuenta que hay cosas que entiendo pero realmente no comprendo. Entre ellas sigue esa misma lógica-ilógica “¿y qué haces cuando alguien necesita ayuda? ¡se la das!”. Creo que eso explica por qué en la mayoría de mis pequeñas acciones no me lo pienso mucho, o esto me auto-justifica ser tan impulsiva con mis intuiciones.

Creo que tengo que ponerlo en otros términos: mi padre arriesgó su vida por otra persona, que no era su familiar inmediato. Constantemente escucho el “yo daría la vida por mis hijos”, pero creo que sigue siendo una frase aceptada y dicha para ser aceptado socialmente. ¿Hacerlo por el hijo de alguien más?. Estoy segura que muy pocos.  El altruismo y la empatía se enseñan siendo altruista y empático. Mi padre me enseñó con esa acción que las buenas intenciones son buenas ideas, pero las acciones son las que nos definen y completan las ideas y sus intenciones, y finalmente para con tus hijos ¡las que los forman!. Creo que hasta hace poco pude descubrir lo diferente que fue mi infancia por tener un verdadero héroe en mi vida.

Apenas hace poco me di cuenta de esto, y quiero compartirlo, porque su acción no debe ser olvidada. Estoy orgullosa de ser la hija de un hombre muy especial.

Papito lindo: Feliz día del padre.

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