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Lola-terapia. septiembre 14, 2010

Posted by anamanzana in General.
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Pocas personas son las que pasan por desapercibida la ternura que produce conocer a Lola. Ella es una perra cruza de cocker spaniel quien vivió al menos unos meses en la calle, después de ser abandonada en una avenida.

La idea original con Lola hace unos 7 años fue recogerla, esterilizarla y entregarla en adopción a una familia responsable, sin embargo los planes de la vida fueron otros. Nunca había prestado mucha atención a la zooterapia, pero fue en un momento en el que interactué con unas niñas y Lola cuando sentí cómo nos abríamos para conectar en un mismo canal de comunicación. Las cosas fluyeron muy fácil y me di cuenta que los perros como Lola facilitaban las cosas, fue ahí donde me surgió la idea de comenzar un grupo de zooterapia.

Como es mi estilo, le expliqué muy mal mi proyecto a un grupo de personas con asilos temporales para niños y adolescentes abandonados por sus padres, generalmente drogadictos, sin embargo supongo que mi entusiasmo los contagió y me dieron la oportunidad de trabajar con un grupo de chicas entre los 10 y los 14 años.

Llegó el ansiado sábado, había leído unas cuantas cosas sobre el tema y me lancé a la aventura con Lola. En el camino y a 15 minutos de llegar a nuestro destino se me ocurrió que les pediría ¡ayuda para ayudar! Fue entonces sólo una intuición pero aún hoy siento que repercutir positivamente en la vida de los demás, es algo que nos lleva a una vibración alta y nos reconecta cuando nos creemos o sentimos aislados. El plan era muy básico pero en el fondo no dudé.

Me presentaron a un grupo de 5 chicas adolescentes, y respondieron con gusto a mi propuesta de apoyarme con el fin de entrenar a Lola para su programa de terapia con personas de la tercera edad. Un programa que en ese mismo instante salió de mi cabeza humeante.

Al poco rato, rompimos el hielo y todas hicieron ejercicios básicos de obediencia con Lola. Fue un sábado muy lindo para todos, más para Lola quien recibió muchas caricias, besos y ¡comida! Pasaron dos sábados y casi habíamos terminado  los ejercicios con todas las chicas de la casa hogar quienes eran aproximadamente 14.

Estaba de nuevo en aprietos como el primer sábado y llegué a nuestra cita con las chicas un poco desmotivada preguntándome hacia dónde dirigía este proyecto.  En cuanto hubo un descanso el tutor de las chicas pidió hablar conmigo. Por supuesto pensé que era para reclamarme la falta de estructura, visión, medición, sistemas, y quién sabe cuánta cosa más. Encogiéndome de hombros y con la mirada baja lo seguí para hablar en privado. El tutor comenzó a disculparse por haber permitido que una misma chica asistiera a todas las sesiones sin embargo según su criterio le era necesario por los excelentes resultados de mi terapia con Lola. Mi miedo se transformó en sorpresa, pero bien pude disimularla preguntándole con calma qué resultados había percibido. Él me explicó que había notado un transformación sustancial en una chica en particular, quien tenía unos días en el albergue. Era retraída y rechazaba interactuar con los demás. Detrás de su comportamiento hosco había una historia de violencia familiar y abuso. Fue a partir del día que comenzó sus actividades con Lola que tuvo por fin un tema común para compartir con las demás niñas y emocionalmente se abrió. El tema para ella con las demás chicas y los adultos de la casa hogar eran los perros, y en especial su trabajo con Lola.  El tutor no dejaba de darme las gracias ante mi mirada incrédula.

Cuando el tutor y las chicas se fueron en su vagoneta, comencé a llorar.

En retrospectiva de todos estos años que he asistido con Lola a asilos para ancianos, que he colaborado con niños con capacidades diferentes así como con niños que viven en casas hogar, acepto que quien más ha necesitado y recibido esa terapia de Lola he sido yo: ella fue mi muleta emocional para abrirme con otras personas, darme valor para pararme frente a una cámara de televisión, o plantarme con algún proyecto. Fue mayor mi deseo de compartirla a ella  con otros, que mi miedo, mi vergüenza, mi flojera o mi desconsuelo.  Todo esto se incuba a partir de una idea tal vez no tan descabellada, de que no sólo es necesario hacer pensar a las demás personas para abrirlas a la posibilidad de ser una buena compañía para un perro, sino que la emoción de una experiencia positiva es por mucho más contundente: abre los ojos del corazón para percibir al otro “no humano” en otro nivel de conciencia. Mi mayor aprendizaje desde la perspectiva de Lola, es que una sonrisa honesta abre más puertas y posibilidades que un montón de argumentos anquilosados,  la fuerza o un deseo de conquista egocéntrica. Me siento siempre muy afortunada de haber tomado la decisión de adoptarla pero aún más feliz soy hoy, de entender  mi lugar en su vida.